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miércoles, 18 de diciembre de 2019

"No sabemos lo que va a pasar, pero podemos intuir que viene una desaceleración económica", entrevista al economista Carlos Rodríguez Braun



Carlos Rodríguez Braun, economista hispano-argentino 
y catedrático en la Universidad Complutense de Madrid


ENTREVISTA - Carlos Rodríguez Braun es un economista hispano-argentino y catedrático en la Universidad Complutense de Madrid. También es profesor del Máster en Economía del Centro OMMA y del Máster Oficial en Periodismo El Mundo. Es Académico Correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de la Argentina, profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, que lo nombró doctor honoris causa en 2013, y la Universidad Católica Argentina; y miembro de la European Society for the History of Economic Thought, la Asociación de Historia Económica y la Sociedad Mont Pelerin.


Es también miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso; del Consejo Asesor de la revista Anales de la Cátedra Francisco Suárez; del Consejo Consultivo del Instituto Universitario Eseade; del Consejo Editorial y de Referato de la Revista de Instituciones, Ideas y Mercados; del Consejo Científico de la revista Procesos de Mercado; y del Consejo Editorial de la revista Laissez-Faire y del Consejo Asesor de la revista Iberian Journal of the History of Economic Thought. También es miembro del Consejo Internacional de la Fundación Atlas, del Consejo Consultivo del Instituto de Estudios para una Sociedad Abierta, del Consejo Internacional de la Fundación Club de la Libertad, del Comité Ejecutivo de la Fundación Hispano-Británica y del Consejo Académico de la Fundación Internacional para la Libertad.

Rodríguez Braun ha sido entrevistado por Javier Labiano.


PREGUNTA: ¿Es complicado divulgar conocimientos económicos sin faltar al rigor académico?

RESPUESTA: La clave está en entender al público, tener claro a quién se está hablando en cada momento. Lo que no se puede hacer es mezclar las cosas y hablar, por ejemplo, en un seminario de economía de la universidad como lo harías en la radio. Son públicos distintos y hay que utilizar lenguajes diferentes. De cualquier manera, la idea de que la divulgación no puede ser rigurosa me parece falsa.






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P: ¿La última crisis nos ha obligado a todos a saber un poco más de economía?

R: Un amigo argentino siempre dice que la inflación convierte a un país en una inmensa facultad de ciencias económicas. Y, efectivamente, la adversidad fuerza a uno a formarse mejor en economía que si viviera en un país apacible en el que nunca hubiera ningún sobresalto. Así que, efectivamente, creo que la crisis nos ha ayudado. Además, en general, yo diría que en los casi 43 años que llevo viviendo en España el nivel de conocimiento en economía de la población ha aumentado claramente.

P: ¿Cuáles están siendo los efectos más positivos de la globalización?

R: Lo que ha pasado es bastante evidente, aunque algunos se resisten todavía a entenderlo. La caída del Muro de Berlín lanzó una ola de libertad en todo el mundo y eso es a lo que llamamos globalización. El principal enfrentamiento político, que venía durando décadas, desde finales de los años 40, desapareció porque entró en crisis el comunismo. Y esa mayor libertad dio lugar a una espectacular ola de prosperidad. Nunca la humanidad ha registrado tanta prosperidad para tanta gente. Las cifras son impresionantes: cientos de millones de personas dejaron atrás la pobreza extrema. Es cierto que la mayoría de ellos en África y Asia. Como a veces no los vemos parece que no existen, pero sí que existen y es un grandísimo resultado de la globalización.

P: La globalización también habrá tenido efectos negativos….

R: Las ideas antiliberales, que algunos ingenuos pensaron que iban a desaparecer en 1989, cuando cayó el Muro, han sobrevivido. Y, de hecho, en los últimos tiempos están experimentando un renacimiento. Es decir, que la globalización ha tenido también como efecto una resistencia a la propia globalización. Esto se ha producido desde diferentes ángulos. Hemos visto como en los últimos años, sobre todo después de la crisis, dos movimientos arrecian, tanto el nacionalismo populista proteccionista como el viejo socialismo anticapitalista. Ambas corrientes son muy contrarias a la globalización. 




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P: Hablemos del ámbito empresarial. ¿Se han acostumbrado las compañías españolas a cruzar fronteras?

R: Ha habido una evolución importante en este tema. Si hay una señal que ha caracterizado a la empresa española en el último medio siglo es la internacionalización. Este proceso ha sido facilitado por la globalización y ha ayudado mucho a la economía. Uno lo detecta en todos los niveles empresariales. En los grandes es muy evidente, pero también hay pequeñas y medianas empresas españolas que se ven en cualquier rincón del mundo.

P: Las exportaciones ayudaron a muchas empresas a remontar el vuelo después de la última crisis. ¿Sucederá lo mismo en la siguiente?

R: La verdad, no lo sabemos. Así como la globalización que sucedió a la caída del Muro de Berlín supuso una ola de libertad, la situación que tenemos actualmente puede suponer un paso atrás. El presidente de Estados Unidos está alabando el proteccionismo, y está el Brexit y el auge de los populismos. Es posible que la nueva crisis nos pille con un aliento más proteccionista que antes. Esta es una de mis grandes inquietudes, sino la mayor. La libertad y apertura permite sortear las crisis con menos daño, pero cuanto más te cierras más te pueden golpear los ciclos económicos adversos.


P: ¿En qué cree que terminará la actual ralentización económica?

R: No sabemos lo que va a pasar, pero podemos intuir que viene una desaceleración económica. Los indicadores así lo sugieren. Hemos repetido errores del pasado, con una expansión monetaria muy irresponsable en todo el mundo; y, al mismo tiempo, nuestros gobernantes no han sido austeros, a pesar de lo que se nos ha dicho. Nos encontramos con una gran diferencia respecto a la crisis anterior, en la que el nivel de endeudamiento del sector público era relativamente bajo. En los últimos 10 años, mientras el sector privado se desendeudaba, la deuda pública ha explotado en muchos países, empezando por el nuestro. En 2007 era inferior al 40% del PIB, y ahora está en el 100%. La próxima crisis nos va a encontrar con una situación más débil, ya que el endeudamiento tendrá un margen de crecimiento menor.

P: En este contexto, ¿de qué dependerá el comportamiento de los mercados financieros en 2020?

R: Sobre todo, de lo que pase con la política monetaria. Es verdad que lo más importante es la actividad económica, pero la clave estará en la política monetaria porque hemos tenido los tipos de interés muy bajos durante demasiado tiempo. Las tensiones y la volatilidad que estamos viendo en los últimos tiempos se deben a eso, a la incertidumbre de lo que va a pasar y, al mismo tiempo, al convencimiento de que esta situación no puede durar.

P: ¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la última crisis?

R: El seguro es una gran institución, una de las más antiguas de la economía, cumple un papel muy importante y sospecho que éste va a ser aún mayor en el futuro. En particular, los seguros relacionados con el comercio exterior y con el crédito a la exportación porque, a pesar de las fuerzas proteccionistas, hemos vivido una época de gran apertura internacional que, espero, no se revierta.


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